
La brisa de la tarde en Barrio Abajo no siempre es suficiente para calmar el bochorno que se pega a la piel, ni mucho menos para ablandar la cara de mi tía cuando ve que levanto la Canon. Es ver el lente y se pone tiesa, como si estuviera esperando un regaño o posando para la cédula. Esa mandíbula apretada es mi mayor reto cada sábado después de mi agua de panela bien fría.
Una nota antes de que sigas: en este diario casi todos los enlaces a cursos son de afiliada de Hotmart. Si compras algo desde acá, una comisioncita le llega a Semblara y a ti el precio te queda igualito. Por aquí solo aparecen cosas que he probado de verdad entre semana o los sábados en el corredor, como el curso de Fotografía de Retrato con Luz Natural que es el que me tiene ahora mismo pegada a la pantalla. Si no aclaro lo contrario, da por hecho que el enlace es de afiliada.
El mito de la instrucción perfecta en el corredor
Llevo ya un tiempo, desde que compré la cámara en marzo de 2025, dándome cuenta de que entre más hablo, peor sale la foto. Al principio, con la emoción de los primeros vídeos de YouTube, yo quería controlarlo todo. Le decía a mi tía: 'mueve el mentón dos milímetros a la derecha' o 'pon la mano así como si no te pesara'. El resultado era siempre el mismo: una expresión de confusión que no tenía nada de natural.
Hace unos cuatro meses, intenté copiar una pose de 'alta costura' que vi en Instagram con mi tía Esperanza. El encuadre estaba bonito, la luz entraba de lado por el portón, pero terminó pareciendo que tenía un calambre en el cuello. Nos reímos media hora y ahí fue cuando entendí que mis vecinos y mi familia no son modelos de revista, son gente que se siente observada y, a veces, hasta juzgada por ese ojo de vidrio que es el lente de 50mm.

El lente de 50mm es una maravilla porque no deforma la cara, pero obliga a estar cerca, y esa cercanía física a veces levanta muros. He leído que el contacto visual directo con la cámara puede hasta subirle un poquito la tensión a la gente por la sensación de ser vigilados. Por eso, mi primera regla ahora es el silencio. No un silencio incómodo, sino uno que deje respirar la escena mientras espero a que se olviden de que estoy ahí.
La técnica del 'momento después' con luz natural
En el curso que estoy haciendo de Fotografía de Retrato con Luz Natural, hay un módulo que casi me salto pero que terminó siendo clave: la psicología del sujeto. Aprendí que la mejor foto no es la que pides, sino la que ocurre justo después de que la persona cree que ya terminaste. Es ese suspiro de alivio donde los hombros bajan y la mirada se pierde en el patio.
Para lograr eso, juego mucho con los ajustes. Casi siempre busco una apertura de f/1.8 para que el fondo del corredor, con sus matas de novio y la pared descascarada, se vuelva un puré de colores suave que no distraiga. Mantengo el ISO en 100 porque la luz de Barranquilla a las cuatro de la tarde es tan potente que no necesito forzar el sensor. Si quieres profundizar en esto, hace poco escribí sobre cómo aprovechar la luz natural en exteriores para retratos caseros, que es básicamente mi biblia de fin de semana.

Lo que hago ahora es dar una instrucción muy vaga: 'tía, mira hacia el palo de mango un momentico'. Hago un par de clics, ella se pone tiesa, y luego bajo la cámara. Le pregunto cualquier cosa del trabajo de CM que hago en la semana o de la pyme de artesanías, y cuando ella empieza a responder y se relaja, ahí es cuando vuelvo a subir la cámara sin avisar. El clic metálico del obturador de mi Canon usada rompiendo el silencio del corredor mientras huele a café recién colado es la señal de que agarré algo de verdad.
Retratar la ansiedad: el silencio como herramienta
Aquí es donde mi hobby se puso serio. Me he dado cuenta de que algunas personas, especialmente un vecino que siempre ha sido muy reservado y sufre de ansiedad social, se bloquean por completo si trato de 'dirigirlos' con la charla fluida que recomiendan todos los manuales. Para ellos, la conversación es más estrés, no menos. He descubierto que con personas así, lo que funciona es la distancia física y el tiempo extendido.
No les pido que me miren. Les pido que se sienten y yo me pongo a limpiar el lente o a revisar fotos viejas mientras ellos se acostumbran a mi presencia. Es un proceso lento, con mucha humedad de por medio, pero cuando por fin se olvidan de que soy 'la sobrina con la cámara', la expresión cambia. Si te pasa que tus modelos no saben qué hacer con las manos o la cara, te recomiendo mirar estos consejos prácticos para posar personas que no son modelos profesionales, que me salvaron la vida en las primeras sesiones.
El valor de lo imperfecto en Barrio Abajo
A veces me quedo pegada viendo la pantalla LCD y siento ese pequeño salto en el estómago cuando reviso y veo que por fin logré captar el brillo real en los ojos de alguien, sin esa máscara de 'estoy posando'. No siempre es una foto perfecta técnicamente; a veces el foco se me va un pelín por usar el lente 50mm tan abierto, pero la emoción está ahí.
Después de varias sesiones, me he dado cuenta de que relajar a alguien es un acto de confianza. No se trata de trucos de magia, sino de estar presente. Una tarde de bochorno en Barrio Abajo, mientras el sol bajaba y las sombras se ponían largas y suaves, logré un retrato de mi tía donde se le veía toda su historia en las arrugas de los ojos. No hubo pose, solo ella pensando en qué iba a cocinar mientras yo ajustaba el encuadre.

Si sientes que tus fotos se ven muy tiesas, tal vez estás intentando ser demasiado 'profesional'. A veces, bajar la cámara, tomarse un jugo y hablar de nada es la mejor técnica fotográfica que existe. Y si luego quieres pulir esos detalles de luz que se te escaparon, siempre puedes echarle un ojo al Curso de Retoque Fotográfico, que es baratito y ayuda mucho cuando la luz del Caribe se pone caprichosa y te quema los blancos.
Al final, lo que queda es ese registro honesto. No busco clientes, no busco fama; solo quiero que cuando mi tía vea la foto diga: 've, así soy yo de verdad'. Si logras eso, ya ganaste el sábado. Si quieres seguir aprendiendo conmigo este camino de aficionada, te invito a que revises el curso de Fotografía de Retrato con Luz Natural; es el que me ayudó a entender que la luz es importante, pero la persona que está frente al lente lo es mucho más.