Semblara

Comprar una cámara Canon usada para empezar en la fotografía de retrato

El 1,6 es el número que casi nadie explica cuando estás por comprar una Canon usada para hacer retrato, y es justo el que decide cuánto espacio le das a la persona que estás fotografiando. Ese es el factor de recorte del sensor APS-C, y significa que cualquier lente que le pongas a la cámara se comporta como uno más largo de lo que dice la etiqueta. Si no lo tienes claro antes de pagar, terminas escogiendo el lente equivocado para el corredor, el balcón o donde sea que vayas a disparar. Llevo un buen rato probando cuerpos usados los sábados con ese calor pegajoso de media tarde, y esa cifra es siempre lo primero que reviso antes de mirar cualquier otra cosa del anuncio.

Comprar de segunda mano no es solo una forma de ahorrar. Una Canon profesional o semiprofesional de hace una década suele tener mejor calidad de imagen y una resistencia que las réflex nuevas de gama de entrada, hechas casi todas en plástico liviano, no aguantan. Mi primo me vendió la mía cuando cambió de equipo, y lo primero que noté al tenerla en la mano fue el peso: una cámara construida para que la uses de verdad, no para que la muestres en una vitrina.

Por qué optar por una Canon usada en lugar de la última réflex de gama de entrada

La razón corta es esta: durabilidad y sensor. Las réflex nuevas más baratas están pensadas para vender volumen, no para durar veinte años de sábados. Los cuerpos Canon de gama media o alta que salieron hace una década tienen una estructura interna más sólida, botones dedicados para lo que realmente usas —velocidad de obturación, apertura, ISO— y un sensor que, aunque los catálogos digan que es viejo, capta la piel con una textura que se siente real, con poros y todo, sin ese suavizado plástico de las cámaras de entrada actuales.

Ahí es donde entra el factor de recorte otra vez: como el sensor es más pequeño que el de una cámara full frame, tu lente rinde distinto. Un lente que en teoría es angular en una full frame, en tu Canon usada se comporta más cerrado, y eso —para retrato— casi siempre juega a tu favor porque te obliga a moverte, a buscar la distancia correcta con la persona en vez de quedarte pegada al primer encuadre que aparece en la pantalla.

Cómo revisar el conteo de obturaciones antes de pagar

El conteo de obturaciones es al cuerpo de la cámara lo que el kilometraje es a un carro usado. Cada vez que el espejo se mueve para dejar pasar la luz, ese número sube, y hay programas gratuitos que lo leen a partir de una sola foto de prueba tomada con la cámara que vas a comprar. No hace falta memorizar un número mágico: lo que importa es pedirle esa foto a quien te la vende, revisar el conteo, y compararlo con lo que se considera normal para el modelo exacto que estás mirando, porque un cuerpo de gama alta aguanta muchas más disparadas que uno de entrada.

Ese clic seco y mecánico del obturador —tan distinto al sonido electrónico fingido de un celular— es también una forma de comprobar que todo funciona bien: si suena raro, si se traba, si el espejo tarda en volver a su lugar, ahí tienes tu respuesta antes de sacar el efectivo.

Montura EF y EF-S: la ventaja que alarga el presupuesto

Canon usó este sistema de montura por años, y esa terquedad de la marca termina siendo una bendición para quien empieza sin presupuesto de profesional. Hay lentes viejísimos y baratos dando vueltas en mercados de segunda mano que le sirven perfecto a tu cuerpo usado, así el lente sea más viejo que la cámara misma. Eso te deja experimentar con distintas aperturas y distancias focales sin comprometer el sueldo completo del mes.

Esa libertad para probar lentes distintos importa sobre todo en interiores con poca luz, donde terminas moviendo ISO, apertura y velocidad al mismo tiempo para que la imagen no salga granulada ni movida; el triángulo de exposición completo trabajando junto, no un solo ajuste milagroso.

El perfil de color que cambia el tono de piel en automático

Hay un ajuste que casi nadie revisa al sacar una Canon usada de la caja: por defecto, muchas disparan en JPEG con un perfil de color neutro o fiel, pensado para no alterar nada. El problema es que con ese perfil los tonos de piel oscuros y medios salen algo apagados, menos vivos de lo que se ven al ojo. La solución está en el menú de la cámara: cambiar al perfil retrato, y ya.

Lo noté con Aidé Verbel, la vecina de mi tía que ya ha posado tres veces en el corredor y que sostiene la mirada fija sin apenas pestañear, algo que en cámara puede resultar demasiado intenso si no se acompaña de un buen tono de piel. En automático, su piel salía sin vida; bastó cambiar ese perfil desde el menú para que el color se pareciera al que veo cuando hablo con ella de frente.

El 50mm que se convierte en 80mm: la lente que resolvió mis retratos

Mi primo me vendió la cámara con el lente que traía de fábrica, pero apenas pude ahorré para el clásico fijo de 50mm, sin zoom. El zoom lo hago yo caminando por el corredor. Con la apertura máxima en f/1.8 puedo dejar el fondo tan desenfocado que la persona parece despegarse de lo que tiene detrás, sin necesidad de un fondo especial ni de nada adicional.

Con el factor de recorte, ese 50mm rinde como un 80mm, y esa distancia extra cambia el trato con alguien que se pone nerviosa frente al lente. Yolima Torregroza, vecina de mi mismo bloque, se tensa apenas ve la cámara apuntándole, así que retrocedí un par de pasos más de lo normal la primera vez que la fotografié. En la pantalla sus ojos quedaron nítidos mientras el fondo se deshacía en un verde limón borroso, y ahí entendí para qué sirve tanto esa apertura abierta como esos pasos de más.

La resolución de estos sensores usados, casi siempre alrededor de 18 megapíxeles, suena poca comparada con lo que anuncian las cámaras nuevas, pero para guardar recuerdos e imprimir en tamaños normales es más que suficiente; se ven hasta las arruguitas que se forman cuando alguien intenta no reírse. Esa distancia equivalente cercana a 80mm, además, es de las que menos distorsionan una cara, algo que profundizo más en otro texto sobre por qué el 50mm suele ser la lente favorita de quien empieza en retrato.

Los errores de luz que ninguna cámara arregla

Ninguna de estas cifras salva una mala decisión de luz. Una vez senté a mi tía de frente contra el sol de las dos de la tarde, confiada en que el sensor bueno de la Canon iba a compensar solo. No compensó nada. La cara salió quemada, sin detalle, un rollo entero de tarde perdido por no moverla dos metros hacia la sombra.

Confirmé lo mismo tiempo después probando la cámara una tarde cerca del Parque Cultural del Caribe: la luz directa de mediodía castiga igual afuera que en cualquier corredor de casa, sin importar cuántos megapíxeles tenga el sensor. De ahí en adelante aprendí a leer la luz antes de sacar la cámara del bolso, algo que cuento con más calma en cómo aprovechar la luz natural en exteriores para retratos caseros.

Los errores más comunes al fotografiar en un corredor de casa son casi siempre de dirección de luz y no de equipo, y una vez que entiendes eso empiezas a fijarte en esquemas más armados —Rembrandt, mariposa, lateral— en vez de conformarte con lo primero que entra por la puerta.

Dirigir a quien nunca ha posado no depende del equipo

La cámara tampoco resuelve sola la incomodidad de alguien que no está acostumbrado a que le apunten un lente. Ahí sirven más los consejos prácticos para posar personas que no son modelos profesionales que cualquier especificación técnica, sobre todo cuando estás arrancando de cero y todavía no tienes un método propio para acomodar a la gente frente al lente.

Si vas a comprar una Canon usada para meterte en esto, revisa el conteo de obturaciones, confirma que la montura sea EF o EF-S para no quedarte corta de lentes baratos, entra al menú y cambia el perfil de color antes de la primera sesión, y no le eches la culpa al equipo cuando el problema real es dónde pusiste a sentarse a la persona. El cuerpo usado te da la herramienta; la luz y la paciencia, esas las pones tú.

Artículos relacionados